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El arbitraje y la mediación han estado presentes en la tradición jurídica porteña desde hace más de cien años. Estas instancias surgieron de la necesidad de administrar justicia, con prontitud, en los procesos comerciales derivados de la gran actividad económica que registraba Valparaíso en la segunda mitad del siglo XIX.
Este importante desarrollo mercantil, que crecía año a año, va a extenderse hasta agosto de 1914, fecha en que el canal de Panamá es inaugurado. Gracias a aquella importante obra de la ingeniería, se crea una ruta marítima más ventajosa que la del Cabo de Hornos. Los buques provenientes de Europa, con destino a la costa Pacífico de los Estados Unidos de Norteamérica, pasan a ahorrar 8.000 millas náuticas con la nueva ruta que suprime la escala en nuestro puerto. Antes de su creación, la detención en Valparaíso era indispensable para suplir los requerimientos de agua, alimentos y combustible, así como para compensar con algún descanso a sus tripulaciones, que obviamente carecían del apoyo tecnológico y comodidades común a las naves de hoy.
No obstante la enorme concentración de capitales y actividad del comercio, los procedimientos judiciales de la época eran lentos. Este factor se agudizaba por el hecho de carecer Valparaíso de Corte de Apelaciones, tribunal con que contaron antes Santiago, Concepción, Talca y La Serena. Por consiguiente, el recurso de apelación debía deducirse ante la Corte respectiva de Santiago. Aunque ya desde el gobierno de don José Joaquín Pérez se disponía del ferrocarril, el viaje a Santiago demoraba seis horas, harto más si se optaba por el coche de caballos, obligando a parar la noche en la capital.
En consecuencia, a raíz de la mala fe empleada por algunos litigantes, los procedimientos judiciales se volvían insoportablemente lentos, promoviendo artículos dilatorios para apelar de toda resolución, provocando enormes perjuicios a quienes actuaban con honradez, ya que se veían forzados a aceptar acuerdos gravosos para sus intereses. Más dañoso resultaba aún en el caso de sociedades creadas para durar corto tiempo, como dos, tres o cinco años o casos que algún socio se retirase o entrasen socios nuevos.
Pasó entonces a ser común que los contratantes de buena fe convinieran el sometimiento de sus dificultades a jueces árbitros, a fin de evitar demoras y molestias. La amplia difusión de esta práctica llevó a la Cámara de Comercio, hoy CRCP, a crear en 1884 un tribunal arbitral, a instancias de los comerciantes de la ciudad, con el propósito expreso de evitar los costos cuantiosos que suponía una eventual segunda instancia en Santiago.
En la memoria de prueba “Historia de la Corte de Apelaciones de Valparaíso”, presentada en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, por doña Luz Guadalupe Encina Morales y dirigida por el profesor Horacio Navarro M. en 1983, se señala que “el gran número de conflictos que se sometían a árbitros había traído como consecuencia la formación de verdaderas corporaciones permanentes que desempeñaban funciones arbitrales.” Curiosamente, la misma situación va a impulsar a otros abogados, no adscritos a dichas corporaciones, a propiciar la instalación de una Corte de Apelaciones, objetivo que quedará logrado en 1892, al dictarse la ley respectiva.
Antes como ahora el arbitraje y la mediación han estado presentes en Valparaíso. Los tratados de libre comercio debieran dar a esta fórmula un renovado auge. La solución eficiente y eficaz de los conflictos es decisiva para el desarrollo de la actividad comercial y ha demostrado ser el motor más efectivo de creación de riqueza.
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